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Otra oportunidad perdida

Pacto entre PSOE-Unidas Podemos y EH Bildu para derogar la reforma laboral

Pacto PSOE-Unidas Podemos-EH Bildu: ni tiempo ni forma

Muchos hemos optado por evitar juicios de gestión desde el comienzo de la crisis provocada por la pandemia, unos términos a los que nos hemos acostumbrado, pero no olvidemos que no tienen parangón en nuestra democracia reciente, y casi podría decirse que en toda nuestra historia política tras el fin del periodo bélico a mediados del siglo XX.

Las razones que empujaban al silencio eran diversas. Por un lado, lo evidente: una situación sin precedentes, sobrevenida y para la que nadie está preparado, tenga la ideología que tenga, merece, cuanto menos, un margen de maniobra flexible. Por otro, y casi por no dejarse arrastrar por la barbarie informativa, la necesidad de diferenciarse de toda la corriente destructiva y ventajista que no ha dejado de verter falsedades, magnificaciones y juicios de valor absolutamente carentes de fundamento y rigor, pues a veces uno sabe de qué lado estar, simplemente viendo quiénes están del otro lado.

El sistema sigue sin proteger a quien más lo necesita

Los meses han ido pasando, hemos cambiado el estilo de vida, y los de siempre, trabajadores precarios, autónomos y pequeños empresarios, han pagado esta crisis a merced de un sistema que sigue sin encontrar la forma de proteger a quien más lo necesita. Durante este tiempo la coyuntura no ha sido anodina. Rondando los 1.000 muertos diarios en la etapa más agresiva del virus en España, alcanzando a día de hoy un total de casi 30.000 personas fallecidas, y más de 200.000 contagiadas. Datos que han saturado el sistema sanitario a niveles no conocidos. Datos que significan vidas de familias que nunca volverán a ser lo mismo, ni por los que se van, obvio, ni para los que se quedan.

Pero esa hecatombe social y sanitaria que nunca debemos olvidar ha ido amainando, se ha comenzado la catalogada como desescalada y es momento de que el Gobierno vuelva a tener la capacidad de conducir al Estado por una u otra senda encaminada a la reconstrucción de lo arrasado. En los últimos días, la cifra de fallecidos y contagiados empieza a ser, siendo lo más prudente posible, controlable, y gracias a eso la actividad económica puede comenzar a recuperarse paulatinamente. Bajo esa premisa han comenzado los movimientos políticos para marcar el sendero por el que se va a buscar la salida del laberinto en el que estamos incursos.

Olvidar la mesura es alejarse de la Unión Europea

La Unión Europea, o en términos más exactos, Alemania y Francia, han impulsado un fondo de medio billón de euros, con carácter excepcional, con condiciones que podríamos denominar ventajosas dadas las circunstancias. A su vez, se negocian los términos de movilidad para este periodo estival, que influyen en miles de transacciones relativas al sector turístico, el cual mira con tensión cómo su futuro más inmediato pende de un hilo. Ante este escenario, que pide a gritos moderación, madurez política y primacía del interés general, el Gobierno ha dinamitado en cuestión de horas cualquier esperanza de mesura.

Obviando muchos otros detalles que no desmerecen, pero escapan al paraguas de un simple artículo, como pueden ser el CIS, los cuestionables informes de datos sobre la gestión, o las versiones contradictorias en cuanto a las recomendaciones de seguridad aportadas y los motivos de sus variaciones, como el caso del uso de mascarillas, considero importante hacer hincapié en las 72 horas de los pasados 19, 20 y 21 de mayo.

Pacto PSOE-Unidas Podemos-EH Bildu

En ese periodo se negoció y aprobó la quinta prórroga del Estado de Alarma y, sin ser en la forma y el momento indicado, se plantearon parte de las bases para salir de esta crisis. Supeditar la excepcionalidad que supone un Estado de Alarma, considerado por parte del Gobierno indispensable para controlar la situación de emergencia en la que nos encontramos, a la derogación de una reforma laboral que ostenta 8 años de recorrido, y con la que se han cabalgado los efectos más negativos de la Gran Recesión provocada por la crisis financiera de 2008, es un acto calificable como kamikaze que puede lapidar el futuro de un ejecutivo progresista que tan necesario era para refundar el sistema del bienestar tras años de austeridad.

Es inexplicable condicionar el desarrollo del Estado en los próximos meses a la firma de un acuerdo que implica reformas de profundo calado socioeconómico sin consultar a los agentes sociales, sin tener en cuenta al resto del Congreso, ni a la propia Unión Europea, en un contexto donde somos absolutamente dependientes de esta última. Junto a ello, dicho condicionamiento se hace confundiendo a tus socios preferentes para un momento de moderación obligada, Ciudadanos, y cayendo en los brazos de un EH Bildu, que en las mismas 24 horas colindantes a la firma de dicho acuerdo no es capaz siquiera de condenar el acoso personal y familiar sufrido por políticos del Partido Socialista en su territorio fetiche, Euskadi.

Y todo ello, cuando los mismos que permitieron la consecución de este ejecutivo de coalición, como Esquerra Republicana, dan de lado a todo el sistema por intereses absolutamente insignificantes en estos momentos, alumbrando la evidente naturaleza egoísta y sectaria del nacionalismo.

Irresponsabilidad ante el interés general

Por su parte, la cuota menor del gobierno de coalición, Unidas Podemos, prepara el terreno y hace amagos de huida ante la posible llegada de ajustes globales, que no casan con el discurso infantil, peligroso y populista que siembra falsas esperanzas entre quienes tanto las necesitan con un final ya conocido: la frustración. En un momento donde era posible una recuperación distinta a largo plazo, donde los ajustes podían hacerse mirando por los de abajo y no pagándolos con ellos, la irresponsabilidad y el rédito electoral vuelven a prevalecer. La izquierda, que tanta falta hizo durante 8 años, da la victoria por incomparecencia a los privilegiados de siempre.

Quedará mucho por analizar en el devenir de esta crisis, desde el comportamiento de la oposición, que aún tiene la oportunidad de enmendarse y adoptar una actitud propositiva, a los siguientes pasos que dé un Gobierno liderado por un Presidente víctima de su propia metodología de unilateralidad, pero lo acontecido me parecía razón suficiente para hacer balance pese a que pueda resultar prematuro.

Demasiados asuntos sin nombre ni justificación en solo 24 horas, imposible comprender lo que no se hace por explicar, soberbia y fundamentalismo político cuando más necesarias son la mesura, el talante y la razón. Y como no, la eterna y asfixiante sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

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